Hay algo que quienes seguís BCNiS+ probablemente habréis observado: no solemos dar voz a masculinidades en este espacio.
Y no es casualidad.
En una escena en la que históricamente la voz masculina ha ocupado muchísimo espacio, nos interesa especialmente generar espacios para otras miradas, experiencias y formas de entender la escena, sin excluir a nadie que tenga algo que aportar pero sin olvidar quién queremos que ocupe más espacio.
Y creo que, si queremos hablar de comunidades más diversas, también merece la pena preguntarnos quién ocupa el espacio para hablar y desde dónde lo hace.
Sin embargo, tras hablar con Anubix valoramos que valia la pena darle un espacio en nuestro medio, ya plantea cuestiones interesantes, con una mirada sensible sobre lo que sucede en la escena.
No porque su visión sea una verdad sobre el BDSM, sino porque me parece de vital importancia para una escena más sana plantear determinadas cuestiones y, sobre todo, porque abren conversaciones que consideramos necesarias.
Anubix es performer y facilitador habitual de talleres dentro de la escena BDSM, a parte de propietario de una tienda de juguetería erotica en Vilanova, Tabu Erotica, con la que tenemos un descuento activo del 20%.
En esta conversación que os traemos hoy, nos habla de algunas de esas cuestiones de las que quizá no hablamos tanto como deberíamos: qué significa realmente enseñar, qué lugar ocupan la sensualidad y la conexión frente al personaje, cómo abordar comportamientos que generan incomodidad y, en definitiva, qué tipo de comunidad queremos construir.
Y quizá ahí esté lo más interesante de esta reflexión. No tanto en encontrar respuestas definitivas, sino en ser capaces de hacernos preguntas sobre aquello que ocurre dentro de nuestros propios espacios.
Porque el BDSM no debería medirse únicamente por lo que somos capaces de hacer, sino también por nuestra capacidad para preguntarnos cómo queremos hacerlo, qué límites queremos poner y qué tipo de comunidad queremos construir alrededor de ello.
¡Esperamos que os guste!
Más curiosidad que exhibición
A veces me preguntan por qué hago lo que hago.
También me preguntan por qué algunos locales, asociaciones o comunidades me invitan a enseñar prácticas que para mí forman parte de lo cotidiano.
La respuesta suele decepcionar a quien espera una fórmula mágica: no tengo ningún secreto.
No me considero mejor que nadie.
No busco demostrar que soy el más dominante, el más técnico o el más espectacular.
Mi forma de entender el BDSM siempre ha estado más cerca de la curiosidad que de la exhibición, más cerca de la conexión que del personaje.
Cuando realizo un taller o un show, busco transmitir sensaciones.
Me interesa mucho más la sensualidad que la sexualidad.
Y hay una diferencia enorme entre ambas.
La sexualidad suele ser el primer idioma que entendemos.
La sensualidad, en cambio, es un lenguaje mucho más amplio: una mirada, una tensión, una respiración, una mano que sabe esperar.
Muchas veces, el momento más intenso de una práctica ocurre antes de que ocurra nada.
Quizás por eso nunca me han interesado demasiado los roles rígidos ni las jerarquías artificiales.
Me da igual si delante tengo a alguien famoso dentro del mundillo o a una persona que acaba de descubrir que el BDSM existe. No estoy ahí para demostrar nada.
Estoy ahí para crear un espacio donde alguien pueda explorar un deseo, una fantasía o una curiosidad sin sentirse juzgado.
Y para mí, esa debería ser una de las funciones fundamentales de cualquier taller dentro de la comunidad: abrir posibilidades, no imponer respuestas.
¿Cómo construimos una comunidad segura?
Precisamente porque me importa la comunidad, hay una idea que lleva tiempo rondándome la cabeza.
¿Qué pasaría si existiera una herramienta anónima donde cualquier persona pudiera reportar situaciones incómodas relacionadas con clubes, eventos, personal o asistentes?
Cuando planteo esto, muchas personas responden lo mismo:
“Lo anónimo es peligroso”.
Y tienen parte de razón.
Una denuncia anónima no puede convertirse automáticamente en una sentencia.
Una acusación no debería equivaler a una condena ni utilizarse para organizar linchamientos dentro de una comunidad pequeña donde las relaciones personales se cruzan constantemente.
Pero también creo que deberíamos hacernos otra pregunta:
¿Qué ocurre cuando la única opción para señalar algo es hacerlo dando la cara?
No todo el mundo tiene la seguridad suficiente para enfrentarse directamente a una situación que le ha incomodado.
No todo el mundo quiere exponerse a conflictos, rumores o posibles represalias.
Imaginemos una situación sencilla:
Un miembro del staff invita repetidamente a beber a determinadas asistentes.
Después aparecen insinuaciones sexuales que generan incomodidad.
Quizás se trate de un malentendido.
Quizás sea una percepción equivocada.
Quizás ocurra una sola vez y no tenga mayor importancia.
Pero ¿qué ocurre cuando cinco personas distintas describen exactamente el mismo comportamiento?
Ahí la conversación cambia.
Ya no estamos hablando únicamente de una experiencia individual, sino de la posibilidad de que exista un patrón que merece ser observado.
Un sistema responsable no debería condenar a nadie por una única queja anónima.
Pero sí podría permitir detectar tendencias, abrir conversaciones y, cuando sea necesario, corregir conductas.
Porque una comunidad sana no es aquella que presume de no tener problemas.
Es aquella que tiene mecanismos para detectarlos y resolverlos.
Y quizá esta sea una de las conversaciones que más necesitamos dentro de la escena BDSM: entender que hablar de seguridad no significa asumir que nuestra comunidad es insegura. Significa asumir que ninguna comunidad está por encima de la necesidad de cuidarse.
Revisarse también forma parte del BDSM
Hay una idea que atraviesa todo esto y que, personalmente, considero fundamental.
El BDSM habla constantemente de consentimiento, límites, comunicación y confianza. Pero esos conceptos no deberían quedarse en el momento de la práctica.
También deberían aplicarse a nuestra manera de ocupar los espacios.
A cómo enseñamos.
A cómo utilizamos nuestra posición.
A cómo reaccionamos cuando alguien nos señala algo que hemos hecho mal.
A nuestra capacidad para escuchar un “no”.
Y también a nuestra capacidad para aceptar que quizá tengamos que cambiar.
Para mí, la capacidad de revisarse es una de las formas más interesantes de responsabilidad dentro de cualquier comunidad.
Tabú y el valor de los pequeños proyectos
Y hablando de comunidad, también quiero mencionar un proyecto mucho más pequeño y mucho más personal: Tabú.
Tabú nació más por ilusión que por expectativas económicas. Y cualquiera que haya intentado emprender dentro del sector alternativo sabe exactamente de qué estoy hablando.
Existe la idea de que, si haces algo que te apasiona, el dinero acaba llegando solo.
La realidad es bastante menos romántica.
Hay meses buenos y meses difíciles. Hay facturas que llegan siempre, independientemente de cómo haya ido la semana.
Muchas veces alguien compar un producto de una pequeña tienda con el mismo producto vendido por una gran multinacional y encuentra una diferencia de dos o tres euros.
Lo que no siempre se ve es lo que ocurre detrás de esos dos euros.
Cuando apoyas un proyecto pequeño, no solo estás comprando un artículo. También estás ayudando a mantener un espacio, unas relaciones y una infraestructura que pueden acabar revirtiendo en la propia comunidad.
Actividades, colaboraciones, sorteos, encuentros, eventos.
No pido que nadie compre por pena. Nunca lo haría.
Pero sí creo que merece la pena recordar que las comunidades que sobreviven son aquellas que entienden que los espacios independientes tienen un valor que va mucho más allá de su cuenta de resultados.
¿Qué tipo de comunidad queremos construir?
Al final, los talleres, los eventos, las tiendas, los espacios de encuentro y también las conversaciones incómodas que debemos tener forman parte de una misma pregunta:
¿Qué tipo de comunidad queremos construir?
Una donde haya menos postureo y más curiosidad.
Menos personajes y más personas.
Menos miedo a señalar problemas y más voluntad de solucionarlos.
Una comunidad donde enseñar no signifique colocarse por encima de los demás.
Donde escuchar sea tan importante como hablar.
Donde podamos reconocer que nos hemos equivocado sin sentir que eso invalida todo lo que hemos construido.
Y, sobre todo, una comunidad donde cada persona pueda explorar sus deseos con libertad, respeto y esa sana irreverencia que siempre ha hecho del BDSM algo mucho más interesante que un simple conjunto de prácticas.
Quizá crecer como escena no consista únicamente en organizar más eventos, llenar más salas o aprender nuevas técnicas.
Quizá también consista en aprender a mirarnos a nosotros mismos con la misma curiosidad con la que miramos todo aquello que todavía estamos descubriendo.
Anubix
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