Sé que soy muy insistente con esto, pero no me cansaré de repetir que estamos en un momento histórico.
La escena S+ de Barcelona no deja de evolucionar, y eso hace que de manera natural, se propongan propuestas que intentan ir un paso más allá de las anteriores.
Se trata de propuestas que entienden que la música es importante, y su objetivo es construir atmósferas y ofrecer experiencias que no podrían suceder en ningún otro contexto alrededor de esta.
Esa es precisamente la dirección que toma House of Fetish, la propuesta más explícita de Imperial Club, que nos promete una experiencia donde el techno, el fetichismo, la performance y el voyeurismo convivieron bajo un mismo techo.
Una declaración de intenciones desde el primer momento..
Nada más cruzar la puerta, me quedó claro que iba a pasar cosas fuera de lo convencional. Con un vistazo, eso quedaba claro. Una jaula con la hermosa Korefox en la entrada, chupitos especiales de bienvenida, mesas humanas con exquisitas delicatessen, cocteles especiales de la casa y un enorme cubo de látex situado frente a la cabina eran toda una declaración de intenciones.
Elementos que no estaban ahí simplemente para decorar.
La estética fetish y elegante estaba presente desde el primer momento.
Detalles de látex coronando la pista.
Un público vestido rigurosamente de negro.
Personalmente, he asistido a muchas fiestas de la escena y cada una tiene su propia personalidad.
En este caso, la marca distintiva seria una oscura y explícita elegancia.
Mucho más que una pista de baile
Para quienes quisieran explorar más allá de la música, la experiencia continuaba en cada rincón del club.
Bajando a la planta inferior me encontré con Anubix practicando bondage en uno de los espacios habilitados para ello, mientras frente a la mazmorra varias personas esperaban pacientemente su turno para probar algunas de las dinámicas propuestas por Dragon Warrior.
No había una única experiencia.
Había muchas.
Cada persona podía construir su propia noche.
Observar.
Participar.
Experimentar.
O simplemente dejarse llevar por la atmósfera.
Mientras tanto, la ausencia total de fotógrafos contribuía a reforzar esa sensación de privacidad que envuelve esta propuesta.
No hay imágenes del público.
No hay contenido para redes.
No hay necesidad de demostrar que estuviste allí.
Solo queda el recuerdo, envuelto en ese halo de misterio que solo los que estuvimos allí, sabemos lo que paso realmente…
El espectáculo que no sabíamos que necesitábamos
Pero lo mejor de la noche todavía estaba por llegar.
En medio de una pista poblada por asistentes vestidos rigurosamente de negro, aparecieron cuatro figuras que inmediatamente captaron todas las miradas.
Dos de ellas, envueltas en látex, dibujaban siluetas imposibles, casi grotescas. Las otras dos avanzaban, desnudas y descalzas, cubiertas únicamente por largas capas negras con capucha que ocultaban por completo su identidad.
No sabíamos exactamente qué iba a pasar, pero sabíamos que algo importante estaba a punto de ocurrir.
Mistress Morrigan, Wild Pony, Rubadict y Caro Ortiz habían preparado una performance para la que, sinceramente, no sé si estábamos preparados.
Mientras recorrían lentamente la pista, la atención del público fue desplazándose de forma natural hacia ellas. Todo lo entretenidos que estábamos explorando las experiencias dejo de importar y nos concentramos en el escenario.
Algo iba a ocurrir y nadie quería perdérselo.
Las dos figuras femeninas subieron al escenario y, finalmente, se desprendieron de las capas. Frente a la cabina de la DJ comenzó entonces un juego de tensiones, simbolismos y dinámicas de poder que mantuvo a toda la sala completamente hipnotizada.
El gran cubo de látex instalado en la pista durante toda la noche pasó a convertirse en el protagonista absoluto de la escena.
Dentro de él, Mistress Morrigan y Caro Ortiz comenzaron una coreografía tan sensual como inquietante. Sus cuerpos se buscaban, se rozaban y se entrelazaban mientras interactuaban con el público a través de la barrera translúcida que las separaba de nosotros.
Poco a poco, el aire fue desapareciendo del interior del cubo.
El látex empezó a adherirse a sus cuerpos.
Los movimientos se volvieron cada vez más limitados.
Y lo que comenzó como un juego acabó transformándose en una imagen casi escultórica: dos cuerpos atrapados en una figura imposible, inmóviles y perfectamente fusionados con la estructura que los contenía.
Era bello.
Era extraño.
Era imposible apartar la mirada.
Y entonces, y de una manera tan inesperada, como natural y orgánica, cambió por completo el ritmo y la dirección de la escena…
Las dinámicas de poder se invirtieron.
Las mujeres abandonaron el cubo y pasaron a dominar el escenario.
Las figuras de látex, que hasta ese momento parecían ejercer el control, se rindieron a los pies de nuestras diosas liberadas.
Había algo especialmente poderoso en contemplar esa transformación.
No solo cambiaron los roles, también cambió por completo su forma de ocupar el espacio y la relación entre los cuerpos. En sus rostros, se podía leer esa mezcla de seguridad, desafío y placer de quien acaba de asumir una posición de poder que, simbólicamente, lo transforma todo. Porque no es lo mismo ocupar el lugar de quien penetra que de quien es penetrado.
Todo ocurrió muy rápido.
Demasiado rápido, quizás.
Pasaron tantas cosas durante aquellos minutos que siento que me perdí la mitad de la actuación.
De hecho, mientras escribo estas líneas, sigo pensando que me encantaría tener un botón de rebobinar para volver a verla con calma.
Lo que sí recuerdo perfectamente es la reacción del público.
La tensión.
La excitación.
El éxtasis colectivo.
Los cuerpos entrelazándose frente a la cabina de la Dj.
El tamaño de algunos elementos.
No saber dónde empieza un cuerpo y termina el otro.
La interacción constante con quienes observábamos.
Y esa capacidad tan característica de Morrigan y Wild Pony para romper la barrera entre escenario y audiencia hasta convertirnos, de alguna manera, en parte de la propia obra.
Cuando terminó, la sensación era unánime.
Gracias por esa fantasía.
Cuando la música te acompaña…
Después de aquello seguí disfrutando de la noche con una energía completamente diferente.
Estaba euforica y excitada, comentando sin parar la performance con el resto de asistentes.
Explorando los distintos espacios.
Perdiéndome entre la pista, las conversaciones y la atmósfera tan particular.
Visto con perspectiva, me alegro especialmente de haber estado tan presente.
Porque no habrá fotografías del evento, y eso me parece una decisión acertada.
La propuesta musical merece mención especial.
Como persona profundamente vinculada a la cultura electrónica, es un aspecto al que siempre prestó mucha atención, y estuvo totalmente a la altura.
El line-up, íntegramente femenino formado por Ksal, Sara Hert y Val del Raval ofreció una selección de sonidos de bajos BPM, sensuales y envolventes, dejando espacio para el juego, la interacción y la interpretación.
Electro.
Techno.
Oscuridad.
Una mezcla elegante y perfectamente alineada con la identidad de la fiesta.
La música no intentaba imponerse sobre la experiencia, pero la acompañaba y la sostenía.
Era de ese tipo de sesiones que te permiten moverte de forma sinuosa en la pista y fuera de ella, construyendo una energía que encajaba perfectamente con la estética fetish y el carácter inmersivo del evento.
Una experiencia donde cada persona decide hasta dónde llegar
Lo que se presentó como una experiencia inmersiva y una fiesta explícita terminó siendo exactamente eso, pero en la medida en que cada persona quisiera vivirlo.
Y quizás ahí reside uno de los mayores aciertos de esta propuesta. Que cada asistente puede colocarse en el espacio físico y mental donde se siente cómodo.
Desde la observación.
Desde la curiosidad.
Desde la exploración.
O desde la participación más activa.
Sin presión.
Sin expectativas.
Sin necesidad de demostrar nada.
Y eso, en una escena donde a veces confundimos libertad con intensidad, tiene mucho valor.
Crear un espacio donde cada persona puede encontrar exactamente el nivel de inmersión que desea no es tarea fácil. Y donde aquellos quienes buscan aventurarse más lejos encuentren rincones suficientes para explorar algunas de sus fantasías más oscuras tampoco.
Pero meterlos a todos en una misma sala y que cada uno encuentre su lugar, es casi una obra de arte.
Si te lo perdiste, te recomiendo que a la próxima no faltes.
Es el próximo viernes 4 de septiembre en Imperial CLub.
Y con este link, tienes las entradas con un 10% de descuento:
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Una nueva forma de vivir House of Fetish
Y si pensabas que House of Fetish ya había llevado la experiencia inmersiva hasta sus límites, la próxima edición llega con una novedad pensada para quienes quieren explorarla con más calma.
Durante las dos primeras horas del evento, la zona de juegos contará con un acceso exclusivo para quienes hayan adquirido el ticket especial. Una oportunidad para descubrir las distintas experiencias de una manera más relajada y personalizada, sin colas y disponiendo de más tiempo para interactuar con los performers, conocer las dinámicas y decidir hasta dónde quieres llevar tu experiencia.
Una propuesta que mantiene intacta la esencia de House of Fetish —el misterio, el fetichismo, la privacidad y la libertad de explorar— pero que añade una nueva dimensión: más tiempo, más intimidad y una experiencia más profunda para quienes quieran sumergirse un poco más en el universo de la fiesta.
Porque si algo nos quedó claro después de la última edición es que en House of Fetish cada persona decide cómo vivir la noche. Y ahora, para quienes quieran empezar a explorar desde el primer momento y sin prisas, la casa abre sus puertas de una manera todavía más exclusiva.
Te recomiendo que no te lo pierdas 😉
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