Pandemonium Fiesta S+ Barcelona

Pandemonium VIII: La Crónica

Con una confirmación de última hora, me paro frente al espejo para maquillarme, algo que aún estoy perfeccionando, además de seleccionar el outfit que dará vida a mi personaje para la fiesta de esta noche. Esta vez en Imperial Meeting Club, ubicado en el número 46 de la calle Aribau, Barcelona.

Al llegar al local, el frío se siente con la puerta aún cerrada, eran cerca de las 10 de la noche, pero la espera es breve. En pocos minutos llega Edu y nos abre las puertas. Dentro, la actividad se acelera rápidamente. Van llegando los organizadores, los trabajadores del club y los miembros del staff de la fi esta. Saludo a Carlos en el mostrador de ingreso, a Alberto, quien está terminando de asegurar la estructura del pole dance.

En este interín, conocí a Nicola, más conocido como «Dr. Silver», el organizador de «Pandemonium». Me reveló que esperaban unas 350 personas y me ofreció unirme al equipo en el control de acceso. Acepté de inmediato, consciente de que era una oportunidad inmejorable para experimentar la fi esta desde dentro.

Mi tarea fué, junto a Retraturia, cubrir las cámaras de los celulares de cada asistente con stickers de Pandemonium. Me encargo de las cámaras delanteras con adhesivos minúsculos, una tarea que al principio pone a prueba mi paciencia, pero que pronto adquiero habilidad. Mientras, Ame coloca las pulseras glowsticks de intención, un sistema clave y sencillo de entender: la pulsera roja indica que se ha venido a disfrutar de la fiesta y el ambiente, mientras que la azul señala la apertura a la interacción física, siempre bajo la premisa innegociable del consentimiento expresado verbalmente y de manera entusiasta. Solo si es si. Este protocolo se percibe con fuerza desde el primer filtro.

Aquí, el respeto, los límites y, sobre todo, el consentimiento son ley.

Pandemonium Fiesta S+ Barcelona

La entrada a Imperial es mediante un corredor largo, revestido con un enchape metálico en paredes y techos que emula un líquido vibrante, lleno de reflejos y refracciones, con una iluminación oscilante entre el blanco y el rojo. El pasillo te engulle como si te adentraras en el interior de una máquina cuyo corazón son los beats que retumban sordamente en su interior.

En este pasaje longitudinal se encuentra el primer filtro estricto, custodiado por The Floggerist y Miss Galyana donde no solo se vigila el dress code, sino que también se le pregunta a cada asistente por las reglas y qué espera del lugar, asegurando que nadie cruce la puerta sin comprender la filosofía de la fiesta y las normas de conducta. Yo acompaño este flujo constante, pidiendo los celulares para tapar las cámaras y evitando aglomeraciones, recibiendo comentarios de agradecimiento de personas que se sienten seguras y libres de prejuicios bajo ese pequeño recordatorio psicológico de que las fotografías están totalmente prohibidas dentro y su realización es causal de expulsión de la fiesta.
Al avanzar por el corredor, una segunda puerta marca el momento de elegir las pulseras y cubrir las cámaras traseras. Luego, se pasa ante Carlos en el counter principal, donde se entrega la pulsera numerada que permite consumir en la barra y pagar la cuenta al retirarse.

En el siguiente espacio se abre un hall donde el pop-up de Studio MiN exhibe prendas fetish, captando la atención de quienes buscan elevar su estilo antes de sumergirse en la fiesta.
Una escalera conduce hacia uno de los dos guardarropas disponibles y, al avanzar, se atraviesa el «hall interfase», un espacio de transición que conecta la zona de baile con las mazmorras subterráneas y donde los asistentes, ya despojados de sus ropas mundanas y luciendo sus outfits más sexys, ofrecen el primer vistazo real de la intensidad estética que define a la comunidad.

La zona de fiesta está dominada por una imponente barra isla, coronada por botellas en lo alto que traslucen la iluminación interna; flanqueada por espacios lounge en los extremos laterales de la sala. Al frente, la pista de baile; y rematando el espacio, el escenario, que en esta ocasión era la cereza del pastel, donde se encuentra la cabina del DJ, acompañada en los laterales por podiums para los performers o algún asistente que se anime a bailar en ellos. Además, esta contenida en un límite virtual de láseres rojos y humo denso que crea la ilusión de una jaula protectora. Visualmente, el DJ parece elevado a una dimensión superior, el corazón de la máquina y la razón de ser de Pandemonium.

La programación de los DJs es milimétricamente precisa.
Saulo Pisa inicia las 23:00 con una atmósfera post-punk de beats industriales que marcan el ritmo mientras yo alterno mis tareas en los filtros de ingreso con momentos en la pista, observando cómo el espacio se llena poco a poco hasta que Kleyver toma el control a las 02:00 con una transición invisible, manteniendo el pulso sin que se sienta un solo corte en la música o en la energía de la gente en un espacio ya lleno pero no claustrofóbico.

Pandemonium Sex Positive Party

Cuando el deseo de explorar lo prohibido se impone, es hora de bajar a las mazmorras.
Son un laberinto de pasillos meándricos donde cada giro ofrece un estímulo visual y auditivo diferente.
El ambiente aquí te atrapa entre gritos orgásmicos desinhibidos y miradas que invitan, siempre bajo la mirada atenta del Awareness Team que garantiza la seguridad de todos. Estos pasillos están llenos de habitaciones privadas donde cada una es un inframundo aparte.

También hay tres estancias de permanencia; la Sala Redonda, un espacio para fumadores con una cama circular gigante donde hay muchos grupos conversando, interactuando y riendo, hasta que algunos buscan rápidamente un lugar más privado tras un consentimiento entusiasta. La Jaula, que es un rincón de juego con un columpio, un taburete, una jaula y un espacio hecho para practicas bdsm donde los impactos se transforman en caricias. Para finalizar, mi estancia favorita, la Sala X, donde la Cruz de San Andrés atestigua una interacción completamente desinhibida.

Para preservar el ambiente, el acceso es restringido, sólo se permite la entrada a parejas y grupos dispuestos a la entrega total y sin reservas, estando prohibidos los hombres en solitario. Manson, junto a The Floggerist, custodian celosamente esta estancia, asegurando que la atmósfera y el propósito del espacio se mantengan impolutos.
En este último reducto, las convenciones sociales se disuelven; la única ley es la de la búsqueda hedonista y la satisfacción compartida.

Pandemonium Sex Positive Party

El retorno a la sala principal a las 04:00 confirma la rigurosidad del cronograma cuando Kleyveer cede el clímax de la noche a Bambi, quién irrumpe con una fuerza desbordante manteniendo a la gente vibrando en una pista que se niega a morir.

A medida que la noche se diluye y algunos asistentes se marchan, los que permanecemos, nos unimos en una sinergia de cuerpos que vibran rítmicamente agotando la energía que nos queda.

Al acercarse la hora de irme, recorro el club una última vez, despidiéndome del personal, de amigos y de personas que acababa de conocer. 
Me doy cuenta que sin darme cuenta me he convertido en parte de la familia Pandemonium.
Me pongo algo abrigador y salgo. Entrego mi pulsera de hule numerada a Carlos en el counter y me despido.

Pandemonium Sex Positive Party

Mientras camino a casa, el frio me hace temblar pero el eco sordo de la pista de baile y la intensidad de las mazmorras me inunda de un calor repentino, como un flashback erótico que me devuelve al pico del placer, provocando una risa inevitable.

Asimilo que esta experiencia fue posible gracias al ambiente de seguridad generado por el conocimiento previo y respeto de las reglas y normas de conducta por parte de los asistentes, creando un espacio seguro donde «sí es solo sí» si se expresa de manera efusiva.
Esto me permitió acercarme con confianza a otras personas, especialmente a aquellas identificadas con pulseras azules.

Además, sentí una conexión inmediata con quienes me agradecieron por taparles las cámaras. Esa seguridad me transportó a mis primeras veces en estos eventos, donde un gesto similar me otorgó el permiso necesario para la desinhibición total. La intensidad de la noche perdura, haciendo de este paseo solitario el cierre perfecto para una experiencia plenamente satisfactoria.

Definitivamente, cuento los días para volver al siguiente Pandemonium.

Fdo: Radamanthys
Fotografias: Nyxia