Aunque parece que hay una explosión de eventos S+ en los últimos años, la escena S + lleva muchos años existiendo en nuestra ciudad.
Estos nacen de la necesidad de tener espacios de libertad donde puedas explorar sin culpa, donde el deseo sea honesto y donde puedas reunirte con personas con las mismas inquietudes que tu.
Antes de que las fiestas sex positive fueran tan populares en Barcelona, en Europa ya había semillas de esta filosofía: pequeñas guaridas de libertad donde la gente exploraba su identidad, sus deseos y sus preferencias sin miedo a ser juzgada.
Hoy, Barcelona se ha convertido en uno de los epicentros de esta cultura.
Pero para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que viajar atrás en el tiempo y recorrer los caminos que abrieron otras ciudades.
La historia moderna de los espacios S+ comienza en Berlín durante los 80 y 90, en una ciudad reunificada y llena de energía para romper con todo.
Clubs icónicos como el KitKat Club (1994) marcaron el inicio de una cultura donde el dress code kinky, el consentimiento y la diversidad corporal eran el centro, consolidando los principios de esta escena: placer con ética y espacios seguros. Mientras tanto, otras ciudades europeas como Ámsterdam, con su tradición de tolerancia y mezcla de cultura dance y leather; Londres, con clubs como Torture Garden que unían arte, fetichismo y performance; y Viena o Zúrich, con fiestas rituales y performativas, fueron expandiendo y enriqueciendo esta filosofía, convirtiendo a Europa en un laboratorio de creatividad y libertad.
Pero, ¿que pasaba mientras en España, y concretamente en Barcelona?
Durante la dictadura, antes incluso de que la palabra “kink” existiera, las calles de Barcelona ya guardaban pequeñas insurrecciones. La Marcha de las Carolinas (1933), protagonizada por travestis en el Raval, fue una rebelión temprana por la libertad de género. En esos mismos callejones clandestinos, pese al miedo policial, se tejía una red queer secreta: bares escondidos, drag, cruising furtivo, la memoria de lo prohibido persistía. Con la caída de Franco, la valentía se desplazó a La Rambla: el 28 de junio de 1977, miles se manifestaron por primera vez con gritos como “Mi cuerpo es mío…”, marcando un antes y un después. A mitad de los 90, el Fire!! Festival, impulsado por el Casal Lambda, llevó al cine queer a un lugar de visibilidad cultural potente. Y no podemos olvidar los míticos Baños Orientales, refugio para mujeres lesbianas y cuerpos insumisos, que cerraron en 1988-1990, pero dejaron una huella profunda.
La llegada de colectivos y organizadores internacionales abrió la puerta a una nueva era. Primero aterrizaron fiestas inspiradas en Berlín, con dress codes claros y espacios de cuidado. Estalló la creatividad: más látex, más cuero, más piel, más espacios seguros, más diversidad corporal. Barcelona dejó de imitar y empezó a crear su propio lenguaje S+.
Barcelona tiene cosas que lo distinguen de las otras ciudades europeas. El Mediterráneo, con su luz, clima y una sensualidad natural, su tradición artística, donde performance, drag, queer y arte se entrelazan con lo kinky creando eventos que son verdaderos laboratorios de creatividad y su diversidad, con personas locales, una gran comunidad expat, queers, performers y viajeros, donde nadie es “el raro” o el “outsider”.
Hoy, la ciudad no solo recibe eventos y promotores internacionales, si no que también ha creado su propia escena, su propia imagen, su propia esencia. Se ha convertido en un punto de encuentro: un laboratorio donde lo kinky, lo queer, el arte, la performance y la comunidad bailan juntos. Tenemos un montón de propuestas y locales, por mencionar los mas importantes dejaremos constancia del festival de Sade, de algunas promotoras como Pandemonium o Wet Playground, y algunos locales, por nombrar algunos de los más referentes Imperial Club y el Club Sauvage.
Y tu, ¿que sabias de la escena S+ de Barcelona?




